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miércoles, 30 de diciembre de 2009

HISTORIAS INFANTILES VIKINGAS

por Erik el Rojo

Entre los vikingos, como en todas las grandes civilizaciones, buena parte de la cultura es trasmitida oralmente, de generación en generación, a través de historias narradas por los ancianos. En particular, las historias que se les cuentan a los niños son importantes por las enseñanzas que encierran.
Cuando yo era chico, ninguno de los niños de la aldea podía dormirse sin escuchar las historias que, a la luz de las velas, nos contaba Lala la Lila.
Lala era la hija de Leopoldina Rosa y Olaf el Verde: curiosamente, nació justo un año después de que Olaf se embarcara a conquistar nuevas tierras... (El afán de conquista de los vikingos era tan grande, que el día que Olaf volvió, Thor el Celeste partió en el mismo barco y nunca más volvió a la aldea).
De todas las historias para niños que nos contó Lala la Lila, la mejor, no solo por su ternura sino por las valiosas enseñanzas que tanto me han servido en la vida, es la del pajarito que paseaba volando por los bosques nórdicos.
Dice así:
“Había una vez un pajarito que paseaba volando alegremente por los bosques nórdicos. Iba volando feliz y contento, cuando comenzó a oscurecerse el cielo; al rato, el viento helado soplaba con tanta fuerza que al pajarito le costaba mucho volar. Cuando la tormenta de nieve se desató con furia, el pajarito, cansado de luchar contra el viento y con los músculos duros de frío, cayó sin fuerzas y quedó tirado en la nieve, donde se empezó a congelar lentamente.
Temblando de frío, inerte, cubierto por la nieve helada, casi sin aliento, el pajarito agonizaba sufriendo cuando, de pronto, siente que se acerca un reno.
A punto de desmayarse, ve que el reno pasa por encima de él, pero se detiene: el pajarito no puede hacer ni un ruido para llamar la atención del reno pero éste se detiene sobre el lugar donde yace el pajarito congelado y, haciendo un esfuerzo, ¡suelta una enorme masa de bosta, que cae sobre el pajarito!
El pajarito, asqueado por el olor nauseabundo de la bosta que cubre su cabeza, piensa que es el fin; sin embargo, poco a poco, el calor derrite el hielo, devolviéndole la movilidad a los pobres músculos del pajarito, quien se arrastra dentro de la bosta hasta asomar el pico primero, y luego toda la cabeza.
Es tan grande el alivio al sentir el aire puro, que el pajarito, sintiéndose revivir, grita:”pío, pío”.
El pío del pajarito suena como un grito triunfal en medio de los bosques nórdicos: todos los animales del bosque se detienen a escuchar… entre ellos, un halcón que pasaba por allí y que, al sentir el grito, vio al pajarito saliendo de la bosta y, volando raudo como una flecha, lo mató.”
Fin.
Y con esta tierna y aleccionadora historia nos íbamos a dormir… y soñábamos con el pajarito, pensando en las tres moralejas que ella enseña:
- no todo aquél que te caga… es tu enemigo;
- no todo aquél que te salva de una cagada… es tu amigo;
- cuando estés con la mierda hasta el cuello… es mejor no decir ni pío.

jueves, 3 de septiembre de 2009

HORÓSCOPO VIKINGO


por Erik el Rojo

Como la mayoría de las grandes civilizaciones de la historia, los vikingos han dedicado muchísimo tiempo a la observación del cielo y las estrellas, (posiblemente gracias a la cantidad de horas que pasan tumbados boca arriba), y han elaborado su propio horóscopo.

El clima noruego y la idiosincrasia del pueblo vikingo, determinaron las características del horóscopo. Los signos son 3: tierra, agua y aire, y se corresponden con las distintas formas de viajar, ya que los vikingos son intrépidos aventureros e incansables viajeros que han recorrido el mundo, desde Groenlandia hasta Valizas.

El signo de tierra, corresponde a los nacidos en el período que va desde que termina el verano, hasta el solsticio de invierno (22 de diciembre, para el hemisferio norte). Los nacidos en este signo son gente con los pies sobre la tierra, caminan kilómetros por las dunas, andan a caballo, les gusta el sandboard, las tortas fritas, el asado a las brasas, la cerveza, el vino y la caipirinha. A este signo pertenecían Irineo el Blanco, el cabo Polonio, igual que Helga, Máximo Gurméndez y Oligar Pou.

Los nacidos entre el solsticio de invierno y el comienzo del verano pertenecen al signo de agua: son gente que (se) navega, cruzan la barra de Valizas nadando aunque el agua esté helada, les gusta el surf, la tortilla de algas, la corvina a las brasas, la cerveza, el vino y la caipirinha. Típicos de este signo son Leopoldo el Gris, Eric el Rojo, Yuber Vidas y, por supuesto, Francois.

Los del signo de aire, típicos habitantes del verano, son los nacidos en el entorno del solsticio de verano, (o sea, entre el 20 y el 22 de junio) viven en las nubes, volando, y les gusta el windsurf, los sahumerios e inciensos, el pollo a las brasas, la cerveza, el vino y la caipirinha. Ejemplos de este signo son Leopoldina Rosa, Tacuabé, Lorena Paola, El Manosanta y El espíritu mágico de las dunas.